Entre cantos y murmullos,
el panteón saleroso vive,
con las flores por delante
adornan la cabeza de los que se fueron,
amores encontrados, siempre fugaces
amores perdidos, ahora eternos
El panteón saleroso,
que no sabe de llantos ni de olvido,
la inmesidad es la cuna de los dormidos,
velas tintineantes
que bailan al son de la guitarra,
que cantan al ritmo del viento;
lágrimas de cera, inmóviles
que nadie escuche a los no vivos,
en el panteón saleroso
se mofan del sufrir de los aprensivos.
Donde la calma es el grito
y la muerte es el canto,
calaveras que descansan
cuando el alma viaja,
es la fiesta de los de allá,
el panteón saleroso,
donde las luces nunca se apagan
y el gozo nunca cesa,
aunque caiga la lluvia
y el viento frio cale hasta los huesos,
en el panteón saleroso
todos mueren pobres y viven cresos.
Linda Gual
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